domingo, 24 de julio de 2016

REFLEXIONAR EL ESPACIO

Tránsitos: Una instalación site specific en diálogo con el territorio


Para Robert Smithson, los museos eran prisiones culturales donde imponer límites a las obras de arte, justo lo contrario de su idea de site, que se caracterizaba por su falta de límites. Así, este representante del Land Art reclamó la práctica de un arte fuera de las paredes de instituciones y galerías. “La obra de arte no se expone en un lugar: el lugar mismo es la obra de arte”, sentenció Michael Heizer. Bajo estas premisas, obra y contexto son indisociables y carecen de identidad propia por separado.

Colectivo DV (Diana Coanda y Víctor Velasco) ha concebido con Tránsitos un proyecto site-specific, realizado expresamente para el exterior del Centro Niemeyer de Avilés. Se trata de una creación ad-hoc para un fin determinado y el site o entorno en el que se ubica no constituye un mero marco expositivo sino que forma parte indisoluble de la obra. Si Tránsitos se extrajese de este lugar perdería la totalidad o una parte importante de su significado puesto que interrelaciona de forma plena con la ubicación para la cual ha sido diseñado.


En el texto One place after another: Notes on site-specificity publicado en el año 1995 en la revista October, Miwon Kwon reflexionó sobre el concepto site-specificity el cual,  nacido en el seno del arte minimal, “pasó de entender el lugar como una serie de límites físicos a comprenderlo como una acumulación de parámetros discursivos de tipo histórico, social y cultural”.
El site-specific interacciona con su contexto. Tránsitos dialoga con el territorio, la arquitectura y el paisaje buscando la reflexión perceptiva del espectador y explorando su relación con la topografía del entorno local.
Rosalind Krauss, en su ensayo La escultura en el campo expandido (1979), teorizó sobre la idea y la práctica del site-specific. Las site-constructions podían clasificarse en marked sites, si provenían de su relación con el paisaje; o bien en axiomatic structures, si surgían de su interrelación con la arquitectura. Partiendo de las reflexiones de Krauss el proyecto de Colectivo DV cubre ambas facetas pues, a través de una secuencia de puertas, la instalación interactúa tanto con la arquitectura de Oscar Niemeyer como con el paisaje avilesino. Siete de ellas, se emplazan en la zona superior de la pérgola que une el auditorio con la cúpula del Centro Niemeyer. La octava se ubica en el acceso al centro desde el puente de San Sebastián estableciendo una relación directa con el viandante que puede tocarla y rodearla. Por último, la novena puerta se localiza en la ría, de tal manera que quedará parcialmente oculta con la subida de la marea.



Tránsitos deviene en una práctica artística especulativa orientada a la creación de relaciones dentro de un contexto inmediato más que a una creación objetual. Es un desafío conceptual de espíritu experiencial y anticomercial por lo que tiene de desobjetualizado. El foco de atención se traslada el objeto al sujeto/espectador y a su percepción cuestionando la entidad de la obra de arte pues, al final, sólo se conservará documentación de la misma, ya sean textos, dibujos, fotografías o vídeos.

La intervención está planteada como temporal, asumiendo el valor de la transitoriedad y de lo efímero. Esta noción se complementa con la estética antitética que preside todas las creaciones de Colectivo DV: ella/él, línea curva/línea recta, calidez/rudeza, lo liviano/lo pesado… Sumándose ahora el binomio site/non site.
Las puertas que conforman Tránsitos han sido modificadas en su tamaño original y descontextualizadas de su emplazamiento y usos habituales pasando del non site al site defendido por Smithson. La puerta es, además, un elemento dual que sirve para entrar o para salir personificado en la mitología romana bajo la figura de Jano, el dios bifronte. Una puerta cerrada impide el paso, mientras que una puerta abierta es una invitación a franquearla. Aquí, su función como elemento de acceso de un espacio a otro se subvierte simbólicamente actuando como pasaje para la evasión y la reflexión estética del espectador que completa, así, el sentido último de la obra.



El juego de las puertas y sus encuadres demanda la interacción lúdica de un público que participe en la obra transitando por los puntos de vista preferentes señalados en el suelo a tal efecto y pasando a formar parte de la puesta en escena de la instalación. Esta práctica espacial y su consciencia provocan relaciones recíprocas de diferentes tipos entre el espectador y la obra, la obra y el espacio, y el espacio y el espectador.
El objetivo es generar otro discurso en torno al edificio y su contexto. Cuestionar y transgredir la lectura hegemónica de la mirada contemporánea que en nada se detiene motivada por la aceleración de los tiempos hipermodernos.
Cada puerta enmarca un paisaje o un elemento arquitectónico objeto de diaria inatención. Cada puerta es una invitación a percibir detenidamente el entorno natural e industrial. Una incitación a analizar un territorio antropizado que es reflejo de la idiosincrasia de la ciudad, espejo de significados y connotaciones histórico-sociales, así como poseedor de una dimensión estética concreta. Se persigue, por tanto, generar una visión contemplativa, no consumidora: reflexionar el espacio, pensar el territorio, leer el paisaje.



Más allá de una arquitectura icónica, motor de desarrollo económico-cultural y polo de atracción de turismo, el Centro Niemeyer se convierte en el proyecto de Colectivo DV en un observatorio del paisaje. Un paisaje entendido, como señala el catedrático de urbanismo Joaquín Sabaté, “en su más amplio sentido, natural y cultural; un paisaje no como el resultado final de una cultura, sino como realidad en evolución continua; paisaje y territorio no como mero soporte, sino como factor básico de cualquier transformación. En este sentido, los paisajes culturales están llamados a jugar un papel relevante, porque constituyen la expresión de la memoria y la identidad de una región”.

Las puertas de Tránsitos enmarcan el código genético de Avilés. Su paisaje estético y cultural es desvelado a través de una compleja instalación de cuidada escenografía que invita al espectador a mirar, a viajar hacia su entorno inmediato. En el ensayo Un arte contextual, el crítico de arte Paul Ardenne señaló cómo determinadas intervenciones especialmente vinculadas a un contexto concreto surgen de una pulsión participativa y agorética del artista por trasladar el centro de interés al espacio público, al site. El objetivo es suscitar una atención aguda, que el arte funcione como vector para orientar la mirada provocando una comprensión más acertada del entorno con la idea de habitarlo mejor. 



PRENSA Y ENLACES RELACIONADOS

Youtube

Centro Niemeyer

Centro Niemeyer

La Nueva España

La Nueva España

La Voz de Asturias

El Comercio

El Comercio

El Comercio

La Ventana del Arte

BlogURBS


domingo, 5 de junio de 2016

CARTIER-BRESSON O EL OJO DEL SIGLO XX

“Fotografiar es poner en el mismo punto de mira la cabeza, el ojo y el corazón”


Los inicios fotográficos de Henri Cartier-Bresson (1908-2004) se sitúan en la década de los años treinta del siglo XX bajo la influencia de la Nouvelle Visión, cuya huella estética se caracterizó por el uso del plano picado y contrapicado, la pureza geométrica, el empleo de disposiciones formales repetitivas y una tendencia a la abstracción. A ello había que sumar la deuda surrealista adquirida tras los años de estudio de Cartier-Bresson en la academia del pintor Lohte.

En 1931 descubrió en un volumen de la revista Arts et Métiers graphiques, una fotografía de Martin Munkácsi en la que tres niños negros corren a zambullirse en las aguas del lago Tanganica. Esta instantánea desató su vocación y le motivó a observar la realidad a través del objetivo: 

“De repente comprendí que la fotografía es capaz de fijar la eternidad en un instante. Es la única foto que me ha influido. En esta imagen hay tanta intensidad, tanta espontaneidad, tanta dicha de vivir, tanta maravilla, que me deslumbra todavía hoy. La perfección de la forma, el sentido de la vida, un escalofrío sin igual.”

Tres chicos en el lago Tanganica,
de Martin Munkácsi

Cartier-Bresson viajó constantemente: África, Hungría, Polonia, Alemania, Italia, España, México… En Nueva York, en la Galería Julien Levy, realizó su primera exposición. Ya en ese momento, una figura de la talla de Walker Evans le alabó y definió como un innovador. Poco después, en 1947, inauguró una retrospectiva en el MOMA que fue fundamental para su reconocimiento internacional. En ese mismo año cofundó la agencia Magnum junto a Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert. En ella, los autores eran los propietarios de sus imágenes y de sus negativos, y elegían personalmente los reportajes que deseaban hacer. La Magnum se convirtió en un auténtico referente mundial del fotoperiodismo.



Publicó sus fotos en la prensa ilustrada del momento, tanto en periódicos de información general (Vu, Voilà, Regards o Ce Soir) como en la prensa más vanguardista (Verve o Arts et Métiers graphiques). Y, atraído por el cine fue, incluso, asistente de Jean Renoir en filmes como La vida es nuestra (1936), Una salida al campo (1936) y La regla del juego (1939).

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial, Cartier-Bresson abrazó el comunismo y, durante ésta, fue prisionero de los alemanes en un campo de concentración del que escapó al tercer intento regresando a Francia en 1943 como corresponsal de guerra. Documentó la liberación de París en 1944 y, después, siguiendo a las fuerzas aliadas hasta Alemania, fotografió el campo de refugiados de Dessau y el famoso interrogatorio de una confidente de la Gestapo.

Alemania, Dessau, 1945

Tras la guerra sus fotografías se centraron más en los valores humanos y sociales, convirtiéndose en reportero profesional del fotoperiodismo. Su primer destino fue Asia: Bombay, Cachemira, Punjab, Java, Ceilán, Bali. Sus fotografías más emblemáticas las realizó en China. En 1948 recorrió Pekín, Hong Kong, Shanghái y Nankín, y retrató la caída de la China imperialista y los inicios de la era comunista. Más adelante, en 1954 visitó la URSS y sus fotografías de la vida cotidiana moscovita se publicaron en Paris Match y Life.

Portada para la revista Life

Con Cartier-Bresson nos encontramos ante una de las figuras más relevantes de la fotografía del siglo XX. Su observación de la realidad y su forma de reflexionar sobre el medio le han convertido en un auténtico icono de referencia para destacados nombres dentro de la profesión como Elliot Erwit, Chris Killip, Larry Fink, Alex Webb o Dennis Hopper.

Formuló su concepción de la fotografía a través de entrevistas, textos y notas. En el prefacio de su libro Images à la sauvette sentenció: “Debemos situar la cámara en el espacio con relación al objeto, y ahí empieza el gran campo de la composición”. Detrás de sus virtuosos encuadres se observa que la composición fue una de sus constantes preocupaciones. Por ello luchó para que los encuadres de sus imágenes no fuesen modificados en el positivado o en su publicación y, a finales de la década de 1960, exigió que sus fotografías fuesen publicadas con el ribete negro original.

China, Shanghai, 1948-1949

En la década de 1950, formuló su teoría del instante decisivo: “No hay nada en este mundo que no tenga un momento decisivo”, afirmó. La expresión designa el momento preciso en el que las cosas se organizan en una disposición a la vez estética y significativa, que aúna el equilibrio formal y la esencia de la situación. La sublimación de un hecho en su punto culminante: “En fotografía, la creación es cuestión de un instante, un disparo, una respuesta, la de colocarse la cámara en el campo de visión del ojo, de atrapar lo que te ha sorprendido, cazar al vuelo sin trampa, sin dejar que se repita. Al tomar una foto, se pinta un cuadro.” Una parte de las cualidades de la fotografía son buscadas y, otra, queda en manos del azar a la espera de la aparición en escena del elemento dotado de vida, del instante óptimo efímero.

España, Madrid, 1933

Defensor de la fotografía en blanco y negro, su nombre se asocia al de un tipo de cámara: la Leica. De pequeño formato, ligera, manejable, discreta, con una óptica de gran precisión y adaptada al formato de 35 mm de película cinematográfica constituía, literalmente, una “prolongación óptica de su ojo”. Era ideal para observar sin ser observado.

Cronista de su tiempo, Cartier-Bresson fue definido como “el ojo del siglo” por su biógrafo Pierre Assouline. En el 2002, dos años antes de su fallecimiento, se creó en París la Fundación Henri Cartier-Bresson para la conservación de la obra del fotógrafo como uno de los mejores testimonios del siglo XX.

India, Cachemira, 1948

Artículo publicado para Crac! Magazine

miércoles, 18 de mayo de 2016

LA VIDA IMAGINADA

El tiempo vencido: ¿acaso no es esta, quizá, la mejor definición del arte?

Balthus, Memorias


René Descartes, adalid del sensualismo estético francés del siglo XVII, defendió que el arte no estaba guiado por la razón sino que era un producto subjetivo de la imaginación. Su mapa de la mente humana, conformado por dos esferas de conocimiento, distinguía entre la razón (conocimiento superior) y la intuición (conocimiento sensible). En el punto intermedio de estos niveles se localizaba la imaginación directamente vinculada a la estética. Siguiendo esta línea de pensamiento el empirista inglés Joseph Addison, autor de Los placeres de la imaginación (1711-1712), defendió la existencia de tres esferas del conocimiento humano: la esfera inferior correspondiente a la intuición, la esfera superior vinculada a la razón y la esfera intermedia ligada a la imaginación como facultad estética y creadora.
El nuevo proyecto de Federico Granell es una oda a la imaginación y una reivindicación de su capacidad como elemento esencial para la creación artística. Bajo un aura de realismo mágico, ensoñación y nostalgia, el artista se aferra a esta aptitud defendida por la estética prerromanticista para contar una historia basada en hechos reales.

Decía Balthus en sus Memorias que “pintar es una actividad completa, que ocupa todo el tiempo, y cuando no pintas realmente, sigues pintando”. Granell es uno de esos pintores que también pinta incluso cuando no sostiene un pincel en la mano. Leer, ver una película, escuchar una canción o el encuentro fortuito con un objeto antiguo son actos indesligables de su proceso creativo, forman parte de él del mismo modo que el modelado de una escultura, el dibujo o la elección de un determinado color. 


El punto de partida de este relato imaginario del artista es un objeto encontrado, descontextualizado y cuyo significado originario se ha perdido. ¿El lugar de la revelación? Un mercadillo parisino. ¿El objet trouvé? Un álbum de fotografías familiar. ¿El contexto? Unas pocas anotaciones en sus páginas indican que, una vez abiertas las cubiertas, nos trasladamos a la Alemania del año 1936: período de entreguerras, clima prebélico, Hitler y el Tercer Reich, nacionalsocialismo, antisemitismo y los Juegos Olímpicos de Berlín filmados por Leni Riefenstahl.
En medio de estas circunstancias históricas se sitúa la vida de una familia recogida en un álbum cuyas fotografías han sido cercenadas de raíz. Hablamos de la memoria y del olvido. Retazos del pasado que emergen en el presente y devienen en objeto de rescate para el artista con la idea de protegerlo de la erosión del tiempo. Esta necesidad se pone doblemente de manifiesto en algunas de las obras de la exposición que emplean como soporte elementos procedentes de la antigua fábrica de loza de San Claudio, en Oviedo. Así, una serie de cerámicas y tablas de madera recuperadas de entre las ruinas, se convierten en el cimiento sobre el que representar diversas escenas de esta familia alemana. 


La custodia del pasado es leitmotiv de la pulsión creadora de Granell y conecta su nueva muestra con el anterior trabajo presentado en Madrid bajo el título “Los últimos veranos”. En esta exposición, recorrida por un halo de melancolía, abordó el estado de abandono de la arquitectura civil e industrial del patrimonio asturiano. La decadencia de las casas de indianos, fábricas y almacenes representativos de la región, se convirtió en el hilo conductor de una reivindicación velada que apelaba a la necesidad de salvaguardar el pasado para vivir el presente.


Según Paul Ricoeur, el pasado recordado y el presente tienen una continuidad temporal que se da a través de la memoria la cual, a modo de depósito, almacena los recuerdos y nos permite remontarnos desde el presente hasta los acontecimientos más lejanos de la niñez. En el proceso creativo de este artista para la nueva exposición, la función de la memoria ha sido asumida por la imaginación y, de una forma lúdica, la huella del pasado la pinta en el presente. 


Los huecos dejados en el álbum por las fotografías ausentes han sido sustituidos por dibujos a tinta que constituyen la puesta en escena de una biografía imaginada, de una vida de ficción con arraigo en una realidad interpretada a partir de unas escasas líneas escritas a mano en las páginas del cuaderno. Fechas, nombres de ciudades y alguna que otra anotación más. Falsas fotografías que, a su vez, son esbozo de las escenas plasmadas en los lienzos.
Las imágenes recreadas remontan el curso del tiempo fusionando el pasado con el presente. El tiempo ha sido vencido y se materializa en la ubicua figura del niño para el cual no hay período pasado o futuro, la ingenuidad de la infancia le hace vivir en el ahora. Esta idea cobra especial simbolismo en las instalaciones escultóricas, en las que niños de rasgos físicos sin individualizar y actitud ensimismada, se presentan en escenografías teatrales de atmósferas enigmáticas y oníricas enfrentando al espectador a interrogantes e incitando a la reflexión. Una carga conceptual y psicológica que las vincula, en cierto modo, a las esculturas de Juan Muñoz.


El tempus fugit vertebra el trabajo de Federico Granell siendo las iconografías del reloj y la calavera su memento mori. Pero la suya no es una meditación pesimista a la manera de una vanitas barroca, oscura y lúgubre, que reflexiona sobre la brevedad de la vida y lo innecesario de las glorias terrenas. La cuestión aquí se centra en evitar la irreversibilidad del olvido y la necesidad de conservar los pequeños detalles de la memoria individual como parte de la memoria colectiva contribuyendo al fluir histórico.



La Vida Imaginada | Federico Granell | Galería Gema Llamazares




  PRENSA

ARTEPOLI
http://artepoli.com/la-vida-imaginada-federico-granell/

LA ESCENA
http://www.laescena.es/evento/federico-granell-la-vida-imaginada/

CRAC! MAGAZINE
http://cracmagazine.com.ar/la-vida-imaginada/

LA VIE EST BELLE
http://lavieestbellesonia.blogspot.com.es/2016/05/federico-granell-una-vida-imaginada.html

EL COMERCIO
http://www.elcomercio.es/culturas/arte/201605/13/vida-imaginada-sobre-album-20160513003054-v.html

INSTITUTO DE ARTE CONTEMPORÁNEO
http://www.iac.org.es/gema-llamazares-federico-granell-la-vida-imaginada-en-galeria-gema-llamazares

MASDEARTE.COM
http://masdearte.com/federico-granell-contra-el-olvido/

LA NUEVA ESPAÑA
http://www.lne.es/sociedad/2016/05/13/album-encontrado-federico-granell/1926108.html

LA VENTANA DEL ARTE
https://www.laventanadelarte.es/exposiciones/galeria-gema-llamazares/gijon/la-vida-imaginada

ARTEINFORMADO
http://www.arteinformado.com/agenda/f/la-vida-imaginada-122387

EL BLOG DE FEDERICO GRANELL
http://federicogranell.blogspot.com.es/2016/05/la-vida-imaginada-texto-de-natalia.html

ÁNGEL ANTONIO RODRÍGUEZ | ALNORTE
http://arte.elcomercio.es/de-la-memoria-de-la-infancia

LATAMUDA
http://latamuda.com/eventos/la-vida-imaginada

INFOENPUNTO
http://infoenpunto.com/not/18398/-lsquo-la-vida-imaginada-rsquo-federico-granell-en-la-galeria-gema-llamazares/

BONART
http://www.bonart.cat/actual/la-vida-imaginada-de-federico-granell-a-la-galeria-gema-llamazares/

NO SOY DIGNO DE TU AMOR
http://nosoydignodetuamor.blogspot.com.es/2016/05/entrevista-federico-g-granell-la-vida.html

GUFETTO MAG
http://www.gufetto.press/visualizza_articolo-790-La_ldquoVita_immaginatardquo_di_Federico_Granell_Galeriacutea_Gema_Llamazares_dove_lrsquoarte_puograve_far_rivivere_una_storia_perduta.htm



martes, 26 de abril de 2016

LA COLECCIÓN DASKALOPOULOS: NEOBARROQUISMO Y TRANSGRESIÓN

El financiero e inversor Dimitris Daskalopoulos (Atenas, 1957) atesora una de las colecciones privadas más importantes del mundo. Este mecenas griego, seleccionado por la revista Art Review como una de las 100 personalidades más influyentes del mundo del arte, reconoce que su impulso hacia este sector comenzó siendo muy joven. Así, en una entrevista realizada por Vanesa García-Osuna para la revista Tendenciasdel mercado del arte, Dimitris describió evocadoramente cómo fue su primer encuentro con el arte:

“Tuve mi primera epifanía con el arte a la tierna e impresionable edad ¡de 12 años!. Dos tíos míos, muy cultivados, me llevaron de viaje por Europa –eran los años sesenta- e hicimos una parada en la Alte Pinakothek de Munich. Allí me quedé sentado en un banco durante dos horas, hipnotizado delante de las pinturas de Rubens. Me acuerdo del enorme impacto emocional que me produjo el cuadro ´La caída de los condenados´. Su composición y dramatismo te hacían sentir que estabas contemplando una imagen en perpetuo movimiento y que incluso podías escuchar los gritos. Recuerdo la belleza y la serenidad de la luz que emanaba de El Juicio Final”


Dimitris Daskalopoulos

Quizás, de esta primera experiencia sensorial, deriva la especial sensibilidad neobarroca que parece tener su pulsión de coleccionista.

           Arriesgada y transgresora en su conjunto, la Colección Daskalopoluos, reúne más de 400 obras de casi 200 creadores que encarnan algunos de los desarrollos artísticos más notables de las últimas décadas.

Dimitris realizó su primera adquisición importante en el año 1993 con la compra de una escultura de Rebecca Horn. A partir de ese momento, grandes nombres del mercado del arte pasaron a formar parte de la colección: Marcel DuchampLouise Bourgeois, David Hammons, Mona Hatoum, Robert GoberMike KelleyMartin Kippenberger, Sarah LucasDieter RothKiki Smith, Rosemarie Trockel, Rachel Whiteread, Marina Abramović, Chris Ofili, Thomas Hirschorn, Damien Hirst, Paul McCarthy…


Tomato head (1994, Paul McCarthy`s)

          Para Daskalopoulos coleccionar significa escoger la obra atendiendo a una sensibilidad estética propia y al contenido de la misma de tal modo que, cada adquisición, interrelacione de manera coherente con el resto.  No se trata de tener una colección temática pero sí que esté vertebrada por un hilo conductor que le dé sentido, en este caso como reflejo de su visión del mundo y de su interés por las cuestiones universales de la condición humana: el cuerpo como ámbito de violencia psicológica, lucha ideológica y social; la individualidad y el sentimiento de comunidad; la identidad cultural, los conflictos geopolíticos (Guerra del Golfo, conflictos en Líbano, el problema kurdo, la Guerra de Irak… de la mano de artistas como Kutlug Ataman, Steve McQueen o Rivane Neuenschwander) o los excesos del capitalismo. Éstos últimos representados de manera excepcional por la barroca obra Exhumando la glotonería: otro réquiem (Exhuming Gluttony, 2006/11) de la artista africana Wangechi Mutu, en la que refleja la gula de la sociedad actual.

Exhuming Gluttony (2006/11, Wangechi Mutu)

Un núcleo importante de la colección está conformado por instalaciones y esculturas de gran formato que, en los últimos quince años, han sido prestadas a más de 120 museos internacionales de Europa y EE.UU. El empresario griego considera fundamental la presentación pública de las grandes obras de arte que están en mano de particulares. Aunque hay quienes han expresado su preocupación por el posible conflicto de intereses que pueda suponer exponer obras privadas en instituciones públicas. Sobre este tema opinó Daskalopoulos para Art+Auctionmagazine:

“La cuestión de la presentación de las colecciones de arte privadas en los museos ha sido, en mi opinión, motivo de injusta controversia. Los grandes museos del mundo no existirían sin la previsión de coleccionistas privados y su compromiso de garantizar el acceso público a las obras de arte excepcionales.”

Current Disturbance (2010, Mona Hatoum)

Entre los años 2010 y 2011 la colección se expuso en la Whitechapel Art Gallery de Londres como parte de su programa para dar a conocer al público general destacadas colecciones privadas. Bajo el título “Keeping It Real”, la muestra se articuló en cuatro micro-exposiciones encadenadas unas con otras: “The Corporeal”, “Subversive Abstraction”, “Current Disturbance” y “Material Intelligence”.

Posteriormente, el Museo Guggenheim de Bilbao presentó en la primavera del año 2011 la exposición El intervalo luminoso: The D. Daskalopouloscollection. El título de la muestra procedía de los escritos del filósofo griego Nikos Kazantzakis (1883–1957), que concebía la vida como un “intervalo luminoso” donde el individuo debe convivir con el pleno conocimiento de la inevitabilidad de la muerte, y cuyo pensamiento fue especialmente influyente en la práctica coleccionista de Dimitris Daskalopoulos. 

Palms (2007, John Bock)


Artículo publicado para Bcollector