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lunes, 13 de mayo de 2019

A MERCED DE LA HIEDRA

Y, entre tanto abandono y tanto olvido,
como si de un verdadero cementerio se tratara,
muchos de los allegados conocerán por vez primera
el terrible poder de las ortigas cuando,
adueñadas ya de las callejas y los patios,
comienzan a invadir y profanar
el corazón y la memoria de las casas.

La lluvia amarilla, Julio Llamazares

Fonsagrada, Isabel Gil

      Entre tonos de verde emergen los paisajes de ruinas y soledad que protagonizan las obras de Isabel Gil. La vegetación los condena al olvido y borra el rastro de quienes habitaron esas moradas. Zarzas y matojos abren un camino sin retorno haciendo desaparecer muros y hundiendo tejados. Cualquiera de los dibujos de la artista podría estar evocando la realidad de Ainielle, el pueblo abandonado de la novela de Llamazares. ¿Diagnóstico? Demotanasia, muerte por despoblación que diría Paco Cerdà. Baja densidad demográfica, natalidad menguante, envejecimiento creciente, emigración (o más bien huida) al ámbito urbano… Apenas se cuentan habitantes por kilómetro cuadrado. Es la gangrena que enferma a la España vacía. El principio del fin. Pero un fin que da comienzo a un nuevo ciclo en el que la naturaleza recupera su terreno arrastrando todo recuerdo para dejar paso a la más profunda melancolía. La vida vegetal ha sustituido a la humana. Paradójicamente el verde, color de vida, remite también a la muerte o desaparición.

Still life / Isabel Gil / Dos Ajoles, Oviedo

En los cuadros de Isabel Gil se respira una atmósfera espesa, húmeda. Es el campo sin bucolismos. Esto no es Walden. Los escombros, las paredes agrietadas, los líquenes y el musgo, como una lepra, arrasan con cualquier atisbo de domesticidad. Apenas quedan huellas de quienes construyeron y habitaron esos lugares. Y ello, ¿qué implicaciones tiene? El arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa sostiene que habitamos necesariamente dos casas: el hogar hecho de materia y la casa interior de la mente, conformada por recuerdos y sueños. La casa es un espacio físico, pero también mental; es arquitectura, pero también identidad. Si la primera se derrumba, la segunda queda sepultada. ¿Qué ocurre, entonces, cuando la arquitectura como marco de referencia de nuestro entorno y nuestra existencia desaparece subsumida por la vegetación?, ¿perdemos nuestro horizonte espacio-temporal?, ¿se esfuman con ella nuestra memoria y nuestros recuerdos?.

Still life / Isabel Gil / Dos Ajolotes, Oviedo

Álvaro Galmés Cerezo apunta en su libro “Morar. Arte y experiencia de la condición doméstica” que la morada es activada por la vida que en ella se desarrolla. Forma parte del relato biográfico del habitante y su abandono, por tanto, desarraiga. En estos tiempos el campo ha cedido su patria al asfalto. El destierro voluntario motivado por la búsqueda de oportunidades y de un supuesto futuro más próspero ha desplazado las raíces y tampoco ha sido la solución. Ni el locus amoenus ni el porvenir en la cityAhora el habitar se ha hecho errante. Las ruinas protagonistas de los lienzos y los dibujos son la metáfora de un pasado evaporado y de un destino incierto.

Still life / Isabel Gil / Dos Ajolotes, oviedo

La morada que, a priori, debería generar o evocar un sentimiento de protección se nos antoja amenazante cuando se encuentra a merced de la hiedra. Sin embargo, la atracción y el magnetismo de la ruina genera una paradoja emocional que explica muy acertadamente Cerdà en su libro “Los últimos. Voces de la Laponia española”: Nunca la fascinación romántica por el tempus fugit de un pueblo, jamás la decadencia con rastro de muerte civilizatoria debería -por muchas teorías sobre lo bello y lo sublime- conmover nuestro espíritu con fruición y deleite. Uno no debería. Y sin embargo resulta imposible detraerse a la contemplación de esta cruza belleza. Es imposible no quedar atrapado por ellas.

Si poéticamente habita el hombre, tal y como sentenció Heidegger a partir de un verso de Hölderlin, en las obras de Isabel Gil en las que del habitar únicamente quedan ruinas, sólo cabe decir que poéticamente habita la hiedra.

Still Life / Isabel Gil / Dos Ajolotes, Oviedo


LaEscena:

Arteinformado:




miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA CASA ALBERGA EL ENSUEÑO

“La casa es un escenario concreto,
íntimo y único de la vida de cada uno,
mientras que una noción más amplia de
la arquitectura implica generalización,
distancia, abstracción.”

Habitar, Juhani Pallasmaa


Cuando Ella May y Tike Hamlin maldecían su casucha de madera al tiempo que ansiaban una de adobe, posicionaban a la deseada “casa de tierra” y a su antítesis ruinosa en el eje central de sus vidas. De ello se traduce que la casa no sólo es un espacio físico, sino también simbólico. No sólo es una construcción de ladrillos o tablas, sino también de recuerdos y sueños. Su significado va más allá del mero hecho de dar cobijo, es un espacio afectivo que refleja la identidad de quien la habita.
“¿Cuánto tiempo más vamos a quedarnos atrapados en esta vieja cárcel?”. Woody Guthrie ponía en boca de Ella May estas palabras porque en la novela “Una casa de tierra” el hogar dulce hogar no existe salvo en el ensueño.

Lovington (acrílico sobre lienzo, 100 x 100 cm)

En “Somewhere… Nowhere” Mónica Dixon enfrenta al espectador como sujeto habitacional a una doble realidad: la casa onírica frente a la arquitectura abstracta, el hogar quimérico versus un escenario caracterizado por la neutralidad espacial. El primero representado en su aspecto exterior y el segundo de manera interior. El dentro y el fuera deberían tener una continuidad, una complementariedad, pero lo cierto es que estas obras se singularizan precisamente por eso, por la tensión y la dicotomía existente entre ambas partes aun cuando la ausencia del morador sea nexo común en los dos enfoques.  
Es más que probable que Juhani Pallasmaa tenga razón al afirmar que “quizás la idea de hogar no sea en absoluto una noción propia de la arquitectura, sino de la sociología, la psicología y el psicoanálisis”. El hogar dulce hogar está simbolizado por la noción de la «casa onírica» definida por Gaston Bachelard en su libro La poética del espacio. Ésta debería tener un desván y un sótano. El primero corresponde al lugar simbólico donde almacenar los recuerdos agradables, mientras que los desagradables se guardan en el segundo. El prototipo mental de «casa onírica» es condición sine qua non para el arraigo metafísico de su habitante. Para Carl G. Jung, los arquetipos arquitectónicos corresponderían a unas imágenes primigenias vinculadas a experiencias, emociones y asociaciones. Los paisajes con casa de Dixon estarían en esta categoría, mientras que los interiores, protagonizados por conceptos como el espacio y la luz quedarían al margen de esas imágenes universales de la mente humana.

Nowhere nº 5 (acrílico sobre lienzo, 50 x 50 cm)

“La casa alberga el ensueño”, dejó escrito Bachelard. Y es que, para el filósofo francés, “los recuerdos de las antiguas moradas se reviven como ensueños, las moradas del pasado son en nosotros imperecederas”. El hogar originario acompaña al habitante-soñador el resto de sus días a pesar, incluso, de los cambios de domicilio. Porque el ensueño remite a sensaciones, a olores… no tanto a aspectos espaciales y arquitectónicos. Nuestro inconsciente estaría agazapado en la morada primitiva y lo más próximo a ésta sería la casa natal. A lo mejor una de las claves de los paisajes de Mónica Dixon está ahí, en su memoria, en unos escenarios mentales de lugares que no existen o sólo lo hacen en pequeñas dosis como reflejo de algún territorio subsumido en el inconsciente de la pintora y sus orígenes norteamericanos. Grandes planicies, territorios de viento y polvo en Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska o el Panhandle de Texas en el que vivió Woody Guthrie y que es leitmotiv de su citada novela.  Casas solitarias, aisladas y vulnerables en la amplitud de la llanura merced a los elementos naturales y marcadas por el estigma de un pasado, pero no olvidado, Dust Bowl. Es el paisaje de Guthrie, pero también de John Steinbeck o de la fotografía de Dorothea Lange.

Riverview (acrílico sobre lienzo, 50 x 50 cm)

La arquitectura moderna ha procurado evitar o eliminar la imagen de la «casa onírica». Según Pallamaa “parece haber abandonado por completo la vida y haber huido hacia la pura invención arquitectónica. La arquitectura auténtica representa y refleja un modo de vida, una imagen de la vida. En lugar de eso, los edificios contemporáneos a menudo parecen vacíos y no parecen representar un modo de vida real ni auténtico. La vanguardia arquitectónica contemporánea ha rechazado conscientemente el concepto de hogar”. Bajo nuestra idea sociocultural de casa esperamos que sus espacios estén divididos en salas, dormitorios, baños… pero en los interiores de “Somewhere… Nowhere” eso no ocurre generando inquietud y una cierta desorientación. Cuando uno accede a una vivienda entra en el mundo de quien la habita a través de sus muebles, de sus objetos personales. Aquí no hay nada excepto un juego arquitectónico de luz y espacio. Ni siquiera sabemos si, realmente, se trata de una casa. Podría ser cualquier espacio de tránsito en cualquier edificio de cualquier parte del mundo. Son interiores que no revelan la intimidad del hogar. ¿Una casa deshabitada conserva la condición de casa?

Scape nº 2 (acrílico sobre lienzo, 120 x 120 cm)

 Hay algo en los lienzos de Mónica Dixon que hace al espectador contener la respiración. En un primer momento puede vincularse a su perfección técnica y la atmósfera detenida. Pero la asepsia estética de su trabajo no es la única causante porque, en una segunda lectura, nos hacemos conscientes de que el auténtico punch de sus obras radica en enfrentarnos al habitar en su estado más puro y especulativo. Como sujetos contemporáneos de una sociedad que vive en constante cambio y aceleración, la quietud de estas obras nos traslada a una reflexión metafísica profunda. Ante estas casas que parece no habitar nadie surgen las dudas, ¿es el hombre del presente un hombre sin casa como se preguntó Otto Friedrich Bollnow? Tal vez, como sostiene la filósofa Françoise Collin, “en cierto modo, ahora llevamos nuestra casa a la espalda como el caracol. Nuestro hogar está en cualquier parte que nosotros estemos”. Porque quizás, y volviendo a Bollnow, “habitar más que la posesión de una casa es una disposición espiritual interior del sujeto”. 





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domingo, 14 de mayo de 2017

EL SÍNDROME NORMA DESMOND

“La mujer se mira en el espejo; su identidad está marcada por 
la abundancia de imágenes que definen la feminidad. Está enmarcada 
(se experimenta a sí misma como imagen o representación) por los bordes 
del espejo y entonces juzga los límites de su propia forma y pone 
en práctica cualquier autorregulación que sea necesaria.”

LYNDA NEAD
El desnudo femenino. Arte, obscenidad y sexualidad



El 6 de febrero de 1992 el New York Times sacaba en portada una noticia sobre Stacey Stetler, modelo de pasarela y de revista de moda, que recurrió a la cirugía plástica para modificar la apariencia estética de una parte de su cuerpo. Esbelta, rubia, de ojos azules. Una auténtica top model de catálogo. Sin embargo, cuando Stetler se miraba en el espejo veía más defectos que virtudes. Su pecho plano hacía imposible distinguir si estaba de frente o de espaldas, según sus propias palabras.
El hecho de que un periódico tan popular y consolidado diese tal importancia al suceso lo convirtió de inmediato en un indicador sociocultural a tener en cuenta. Bajo el título Woman's Image in a Mirror: Who Defines What She Sees?, Lena Williams reflexionó al respecto analizando porqué una “mujer diez”, según los cánones estéticos establecidos, siente la necesidad de modificar su cuerpo para cercenar un complejo que le acarrea problemas de autoestima. 

Devotion to beauty (Acrílico y óleo sobre lienzo,
61 x 50 cm., 2016) 

La vinculación entre la imagen física y la autoestima tiene su consecuencia más directa en el sacrificio, en la necesidad de amoldarse a base de autorregulación a los ideales estéticos establecidos por la sociedad. Por ello, Sacrifice es el título que ha escogido Cristina Toledo para su nuevo trabajo. Un conjunto de pinturas y acuarelas que muestran a mujeres sometiéndose a tratamientos de belleza de diversa índole, algunos de los cuales semejan más auténticas torturas. Cada fémina se convierte en su propio verdugo. Es el fascismo del cuerpo.
La artista aborda la tiranía de la estética recurriendo a una recopilación de imágenes extraídas de diversos massmedia, de revistas como Vogue y fotografías de época. Estas iconografías encontradas son transformadas en pintura como mecanismo para resignificarlas y reflexionar acerca de conceptos como la feminidad, el fetichismo o el sufrimiento voluntario que conlleva alcanzar el ansiado ideal.

Sharpe your nose at home (óleo sobre lienzo, 60 x 60 cxm, 2016)

El canon de belleza ha sido estereotipado, reducido al mero atractivo sexual y convertido en un bien más ofertado por el mercado de consumo. Byung-Chul Han en su ensayo La salvación de lo bello insiste en que “la industria de la belleza explota el cuerpo sexualizándolo y haciéndolo consumible”. La belleza entra en crisis si se somete a la lógica del capital pues pasa a ser un simple producto. Y, ya se sabe que, en nuestra cultura del usar y tirar, cuando por la rapidez de las modas algo deja de servir o simplemente se vuelve viejo, se tira y se compra otro nuevo. Lo mismo ocurre con la belleza y el cuerpo femenino, inmerso en un perpetuo ciclo de juicios tanto ajenos como autoemitidos por seguir  la línea del canon impuesto. ¿Y, cuál es esa línea? Gilles Lipovetsky la analiza en La tercera mujer, un libro con luces y sombras pero sagaz en algunos aspectos como es el del análisis de la entrada de la belleza en el mercado de masas. El filósofo destaca la doble tendencia que se manifiesta como meta: la antiedad y el antipeso. El tándem delgadez-juventud se impone y las mujeres que no lo cumplan estarán entre las no elegidas. Sin embargo, este binomio tampoco es garantía de éxito. A Stacey Stetler no le funcionó. Ella ya lo tenía y no fue suficiente. En el fondo, nunca es suficiente. El poder coercitivo de las normas estéticas impuestas por el canon oficial siempre será fuente de insatisfacción constante.

Cosmetic mask (Acrílico y óleo sobre lienzo,
33 x 24 cm., 2017)

“Espejo mágico dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa”, se pregunta la madrastra de Blancanieves y se preguntan también todas y cada una de las mujeres que se sacrifican en aras de lograr esa supuesta hermosura. Para ello las protagonistas de Cristina Toledo se maquillan, usan extrañas mascarillas y artilugios opresivos varios para reducir arrugas o enderezar la nariz, se broncean, llevan tacones imposibles y asfixiantes corsés para marcar irreales cinturas de avispa. El es Síndrome Norma Desmond que se aferra cual sanguijuela al miedo, al pavor de marchitarse y perder la belleza. 

Vaporizer (Acrílico y óleo sobre lienzo,
33 x 24 cm, 2017)

La actriz Gloria Swanson encarna en El Crepúsculo de los Dioses (1950, Billy Wilder) a la citada Norma Desmond, una estrella del cine mudo atormentada por los fantasmas de su pasado. Es demasiado mayor para la industria del cine. Su edad la invisibiliza como mujer a pesar de su pasado profesional glorioso. Vive recluida en una mansión abarrotada de fotografías de jóvenes Normas Desmond, un martirio perenne para su psique de mujer que envejece. En un momento de la película, Norma cree que volverá a actuar ante las cámaras y es aquí donde comienza la secuencia de imágenes del sacrificio narradas por la voz en off de su amante Joe Gillis: “Un ejército de expertos en belleza inundó la casa de Sunset Boulevar. Soportó una horrible serie de tratamientos, contaba cada caloría como un atleta preparándose para los juegos olímpicos”.
Y así, bajo el Síndrome Norma Desmond, se encuentran las mujeres representadas por Cristina Toledo. Cada una viviendo su particular Sunset Boulevard sometida al chantaje de la belleza.

Beauty seekers (Óleo sobrel lienzo,
146 X 103 cm, 2017)



22.04.2017 - 29.05.2017



PRENSA





lunes, 3 de abril de 2017

TOPOGRAFÍAS DE LA DESTRUCCIÓN

El porvenir de la ciudad utópica

Es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos clases, sino en otras dos:
las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos  y aquellas en las que los deseos, o logran borrar la ciudad, o son borrados por ella.



Podría parecer un escenario de película de ciencia ficción. El proyecto UTOPOS/DISTOPOS de Gorka García refleja las dos caras de una misma moneda. La ciudad distópica no es más que la proyección deformada de la ciudad utópica. Pero, ¿es el futuro al que alude? ¿O realmente nos encontramos ante una proyección del presente? ¿Estamos construyendo una distopía?

El siglo pasado nos legó dos Guerras Mundiales, el Holocausto judío, los bombardeos atómicos, la amenaza nuclear durante la Guerra Fría… y un sinfín de hechos e imágenes del horror. En la actualidad el progreso refleja en su sombra la incertidumbre y el pesimismo, las desigualdades de clases y pueblos, el establecimiento de fronteras segregadoras, el belicismo, los intereses económicos enfrentados. En suma, el giro de la utopía a la distopía tiene por telón de fondo la crisis de la modernidad.

La ciudad ideal 

En su nota preliminar a Las ciudades invisibles Italo Calvino se confiesa en estos términos: “¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles”.

Esta idea sobrevuela el trabajo de Gorka García cuando, a partir de la utopía, trata de hacernos reflexionar sobre la distopía como utopía negativa que pone de manifiesto la vulnerabilidad de los cimientos de nuestra civilización. Y ello lo realiza a través del planteamiento dialéctico de mostrar la ciudad ideal enfrentada a la ciudad real.

Je suis Platón

La palabra “utopía”, que procede del título de la obra del humanista inglés Tomás Moro publicada en 1516, tiene su base en el griego “topos” (lugar) al que se le añade el prefijo “u” que remite tanto a “ou” (negación) como a “eu” (lo bueno, lo deseable). Moro juega con la ambivalencia de “ou-topos” (el no lugar, el sitio que no existe) y “eu-topos” (el buen lugar, el lugar deseable). “Utopía” sería, por tanto, “el lugar ideal que no existe”.  
La Utopía de Tomás Moro se emplaza en una isla y su planteamiento surge de la crítica constructiva del presente a través de la imagen de una alternativa ideal en la que no existan la propiedad privada ni el gobierno despótico. Moro se revela como un fiel observador de su presente diagnosticando los males del momento y conjeturando sobre un posible modelo de sociedad más equitativa y justa. Gorka realiza un guiño a este libro incorporando la palabra Amaurota, capital de Utopía, en letras doradas al pie de una ruina fantasmagórica. Con ello refuerza la fina frontera que separa la perfección del caos.

Amaurota

La ciudad ideal se plasma tomando como referente el Renacimiento y modelos arquitectónicos presentes en la pintura de Ghirlandaio, Piero della Francesca y Rafael. Este período es elegido por tratarse de una época que retoma la antigüedad greco-romana como modelo y en la que el antropocentrismo sitúa al hombre en el centro de todas las cosas. La correcta proporción y la geometría se convirtieron en los principios rectores y la renovación urbanística del momento se llevó a cabo de acuerdo con estas normas estéticas que el artista retoma en las obras de la exposición otorgándoles un discurso contemporáneo.
En el Renacimiento triunfó la tratadística a través de figuras como Alberti quien, en De re aedificatoria, defendió la función social de la arquitectura y la necesidad de aspectos normativos sobre la planificación de la ciudad. Así, el urbanismo buscó espacios racionales que respondiesen a unas reglas después de la intrincada red urbana heredada de la ciudad medieval. Los teóricos plantearon ciudades utópicas de nueva planta con un diseño regular y una distribución organizada de los espacios públicos, residenciales y comerciales. El orden urbano tendría una estrecha vinculación con la propia moralidad de sus habitantes de manera que, en este sentido, una ciudad perfecta se correspondería con una ciudad feliz y con una menor conflictividad social. Uno de los ejemplos más representativos es la pintura de La ciudad ideal de Urbino. Al situarla al pie de una urbe concebida como un auténtico paisaje de ruinas y devastación, Gorka incide de manera especialmente visual en la ambivalencia que todo proyecto utópico puede albergar. La perfección estética de la ciudad utópica no lo es menos en la ciudad distópica de este pintor. “Cuando se hace una ruina, hay que hacerla bien” sentenció Victor Hugo. Y es que en la obra de Gorka García la ruina, como la arruga, es bella. Dolorosamente bella. 

Nul: Libia

La historia del pensamiento utópico no comenzó en el Renacimiento sino que fue Platón uno de sus principales precedentes. El filósofo griego planteó en La República un modelo de sociedad ideal que influyó de forma directa en la obra de Tomás Moro y por ello recibe su particular homenaje en UTOPOS/DISTOPOS apareciendo su busto en una loggia. A Sobre el estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía de Moro, conocida popularmente como la citada Utopía, se sumaron otros textos que añadieron a los elementos heredados de la Antigüedad nuevas cualidades propias de la utopía moderna. Fueron Nueva Atlántida de Francis Bacon, La Ciudad del Sol de Tomasso Campanella y Cristianópolis de Johann Valentin Andreae. A ellos les sucedieron las reflexiones del mito del buen salvaje del filósofo ilustrado Jean-Jacques Rousseau y el desarrollo de las utopías que prosiguieron a la Revolución francesa: el socialismo utópico de Saint-Simon, de Robert Owen y su New Harmony y de Charles Fourier y su sistema de falansterios; el socialismo científico de Marx y Engels; y  las propuestas anarquistas de Proudhon, Bakunin y Stirner. ¿Qué pasó en el siglo XX? La utopía dio paso a la pesadilla y trajo consigo los totalitarismos de primera mitad de siglo.

 En un orden social perfecto la diferencia, la pluralidad y la libre voluntad del individuo suponen obstáculos para alcanzar un sistema homogéneo y sin grietas. Ningún detalle puede quedar fuera de control de tal manera que, si la utopía pretende lograr un mundo sin tiranía ni opresión, la propia ciudad ideal a la que aspira parece aproximarse más a un espacio de clausura a modo de panóptico. El sueño de la razón produce monstruos y este proyecto de Gorka García da buena cuenta de ello a partir de una auténtica taxonomía pictórica de la ruina.

Midépolis

La literatura y la cinematografía de la segunda mitad del siglo XX ha recogido múltiples relatos distópicos. Los códigos del discurso utópico se tergiversan diagnosticando la sintomatología enferma de una sociedad individualista regida por la propiedad privada y la dinámica atroz del mercado. Ahora el apocalipsis no es provocado por la ira divina sino por la corrupción humana.
En el artículo De la utopía clásica a la distopía actual Luis Núñez Ladevéze señaló: “La utopía como idea, alumbra la distopía como praxis. Un sistema de perfeccionamiento social que en su origen es la utopía, se convierte en un método de control social, pues en eso consiste su práctica. Cuando la historia apague la luz de La Ciudad del Sol, se convertirá en 1984”. La distopía presentada por Orwell es el utopismo de Campanella invertido. Entre el sueño y la pesadilla, la frontera se difumina. En 1984 “la guerra es la paz”. Este axioma parece haberse convertido en el mantra de los mandatarios mundiales. El conflicto armado es una realidad y muchas ciudades de Siria parecen no haber existido nunca sino como ruina.

La ciudad utópica ha muerto y ha nacido la ciudad distópica. La dimensión comunitaria de la polis se ha esfumado y ha sido sustituida por un espacio público cada vez más reducido. A la modernidad líquida teorizada por Bauman le corresponden las que podrían calificarse como “ciudades líquidas”, ejemplificadas en última instancia por un paisaje de escombros. Quizás, sea la propia ruina la que a través de la ciencia de la devastación denominada por Bogacki como “destructología” permita, en palabras de Jean-YvesJouannais “arrojar luz sobre el futuro de la naciones y de los seres mediante la interpretación de los escombros de guerra”. Quizás, a modo de los adivinos etruscos que predecían el futuro examinando las entrañas del animal sacrificado, las vísceras de la devastación pétrea puedan ser estudiadas de forma crítica y retomar el afán reformista de la utopía. No todo está perdido. Las ciudades de Gorka García aún pueden albergar deseos detrás de la estética de la destrucción. 

La ilusión (Soyez realistes demandez l’impossible)


UTOPOS/DISTOPOS, Gorka García Herrera
Del 17 de marzo al 2 de mayo de 2017
Aurora Vigil-Escalera Galería de Arte


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El Cuaderno

Fundación Antonio Gala

Arterritory



martes, 24 de enero de 2017

CUBISMO EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS

Considerada como la primera vanguardia propiamente dicha, el Cubismo se convierte en protagonista del Museo de Bellas Artes de Asturias como consecuencia de la colaboración con la Fundación Telefónica.

La Colección Cubista de Telefónica se expone, hasta el 8 de enero, en la planta -1 del edificio de la ampliación de la pinacoteca asturiana. En ella se pueden ver 36 obras articuladas entorno a tres ejes: los lienzos de Juan Gris, otros cubismos parisinos (Albert Gleizes, Jean Metzinger, Louis Marcoussis, André Lhote, Georges Valmier, María Blanchard y Auguste Herbin) y la expansión del movimiento a través de artistas españoles y latinoamericanos (Manuel Ángeles Ortiz, Rafael Barradas, Xul Solar o Vicente Huidobro).

La muestra se complementa con una selección bibliográfica vinculada a los distintos cubismos y con el documental titulado  Juan Gris. Cubismo y Modernidad, del director José Luis López-Linares. En él se aborda la biografía del pintor cubista, su vida en París, su pertenencia al Bateau-Lavoir de Picasso, Braque, Apollinaire y Gertrude Stein, así como su estrecha relación con Henry Kahnweiler quien, junto con Ambroise Vollard se convirtió en uno de los principales marchantes de la época. Esta figura, surgida por primera vez entorno al Cubismo, tuvo una gran importancia para la Historia del Arte. Por medio del “dealer”, los artistas podían desvincularse del seguimiento comercial de su obra y aislarse en el proceso creativo. 

La fenetre aux collines, de Juan Gris
(óleo sobre lienzo, 95,5 x 114,5 cm, 1923)

La importancia de La Colección Cubista de Telefónica aparece definida en el díptico de la muestra. En él se puntualiza que “surgió con la intención de cubrir un vacío en las colecciones españolas sobre este movimiento detonante de las vanguardias y, con el paso del tiempo, se ha configurado como una completa y fundamental selección de obras que ponen de relieve la diversidad de las propuestas y técnicas cubistas desarrolladas a lo largo del tiempo. Formada en torno a la obra de Juan Gris, propone una visión complementaria a la de la historiografía tradicional -con Georges Braque y Pablo Picasso como creadores del movimiento-, en la que se incluyen además diferentes propuestas de artistas europeos y latinoamericanos afines a este lenguaje.”

La guitare sur la table, de Juan Gris
(óleo sobre lienzo, 85 x 97 cm, 1913)

El término Cubismo emergió de la mano de Matisse cuando, tras ver una obra de Braque, afirmó que “parecía estar hecha por pequeños cubos” y Guillaume Apollinaire se convirtió en su principal teórico tras escribir el ensayo crítico Les peintres cubistes (Los pintores cubistas) que se convirtió en el manifiesto del grupo.

La concepción de la visión múltiple del objeto en esta vanguardia, derivada de la influencia de Cèzanne, implica que los elementos son representados de forma simultánea desde diversos puntos de vista. Al mismo tiempo, no poseen límites absolutos  y se muestran afectados por las formas contiguas. Cuando los pintores cubistas realizan esta concepción de multivisión del objeto están presuponiendo a un nuevo espectador que tiene que realizar un verdadero esfuerzo mental frente al cuadro para intentar reconocer el asunto.

Entre las principales iconografías abordadas por el Cubismo y, presentes de forma predominante también en esta muestra del Museo de Bellas Artes, se encuentran los paisajes, los bodegones y los retratos. Los primeros dos géneros pueden aparecer combinados en obras como Balcón abierto y plato con pescados de Manuel Ángel Ortiz. En el caso del último de ellos destacan trabajos como el Retrato de Antonio de Rafael Barradas y el lienzo de Albert Gleizes que representa Jean Cocteau.

Jean Cocteau, de Albert Gleizes
(óleo y yeso sobre lienzo,
142 x 105,5 cm, 1916)

Esta vanguardia atravesó tres principales etapas: cezanniana (1907/09), en la que los pintores parten de la experiencia de Cézanne con panoramas de paisaje que responden a diferentes puntos de vista y donde la realidad está geometrizada; analítica (1910/11), en la que se produce una multiplicación de planos tan intensa que el objeto se hace irreconocible; y, por último, sintética (1912/14), en la cual se reduce el número de planos de nuevo y aparece el collage. En esta última fase es habitual encontrar zonas en los lienzos trabajadas con técnicas que imitan al mármol o a la madera. Un ejemplo en la presente exposición es La guitare sur la table (1913) de Juan Gris. En otras obras, el propio Gris incorpora collage como es el caso de Verres, journal et bouteille de vin, una técnica que aparece también en Il grapollo di uva (1914) del cubista argentino Emilio Pettoruti.

La Colección Cubista de Telefónica
en el Museo de Bellas Artes de Asturias


Artículo publicado en Bcollector


miércoles, 7 de diciembre de 2016

FETICHES DE BELLEZA

El estereotipo femenino de la eterna musa 
en las revistas ilustradas españolas

Ese mal infinito del que crees ser tan docta, ¿nunca te ha hecho temblar, espantada, pensando que la vida, que es grande en designios ocultos, te utiliza, oh mujer, del pecado la reina, animal vil, al cabo… para dar vida a un genio?

Charles Baudelaire, Las Flores del Mal



La iconografía femenina en la cultura figurativa occidental ha sido construida desde un punto de vista exclusivamente patriarcal. La mujer, reducida a objeto ornamental y considerada como territorio sexual a conquistar, no existía independientemente de la mirada masculina.
En Nuevo Mundo la artista CristinaToledo presenta una serie de reproducciones pictóricas de portadas de antiguas revistas ilustradas españolas que ejemplifican cómo la identidad femenina dependía de su cotización erótica.  Cada lienzo, como cada portada, retrata a mujer vestida a la moda del momento. Pero, más allá de la estética de la indumentaria, cada fémina cumple con los cánones de belleza de su época presentándose atractivas y seductoras ante la mirada del espectador-voyeur o posible comprador de la revista sobre el cual actúan a la manera de reclamo. 

Elennuccia Liona (Acrílico y óleo sobre lienzo,
46 x 38 cm., 2016)

Mlle. Requena, La Argentina, Mlle. Besnard, Fifi Morano, Elennuccia Liona o Paquita Escribano son los nombres de algunas de ellas. Otras, simplemente figuran como anónimas o desconocidas. Ni siquiera tienen nombre propio porque, realmente, no lo necesitan para cumplir su función de “chicas de portada” sentenciadas a ejercer un rol pasivo y nunca creador. Muchas de ellas eran actrices o cantantes destacadas en su profesión. Pero eso no importa. No es ese tipo de valía lo que las ha situado en la primera plana de estas revistas sino su poder erotizante para el género masculino. Aquí su físico es su propio espectáculo, no sus dotes para la canción o la actuación. Ejercen de meros elementos decorativos generadores de deseo para el hombre y, al mismo tiempo, funcionan como representaciones coercitivas para las propias mujeres presionadas a valorarse en función de esa mirada varonil y deseando llegar a ser tan atrayentes como los iconos observados.

Gilda (Acrílico y óleo sobre lienzo, 48 x 36 cm., 2016)

Cristina Toledo parte en este trabajo pictórico de revistas como Nuevo Mundo (1894-1933), Mundo Gráfico (1911-1988) o La Actualidad Española (1952-1979) que contenían información general, crónicas de actualidad política y cultural, viñetas humorísticas, artículos deportivos, narraciones breves y anuncios publicitarios. Los contenidos estaban elaborados por y para hombres. 
En primer lugar, y teniendo en cuenta los datos que aportan los estudios de historia de las mujeres en España, porque hacia el año 1900 la cifra de mujeres analfabetas superaba el setenta por ciento de la población. Y, aunque ésta se fue reduciendo progresivamente, en 1930 los índices aún se situaban en el cincuenta por ciento. Bien es cierto que España era todavía un país con unas tasas de analfabetismo general situadas muy por encima de las medias europeas, pero también es cierto que esta lacra se cebaba especialmente con el sector femenino. 
Por ello, la presencia de las mujeres en las revistas de la época se reducía a su aparición en los anuncios publicitarios y en las portadas bajo el estereotipo del “ángel del hogar” frente a la “Eva tentadora” representante de la caída del hombre en el pecado original. Esta era la dialéctica que englobada la realidad social de las mujeres de las primeras décadas del siglo XX español. Amparo Serrano de Haro en el libro Mujeres en el arte. Espejo y realidad sentencia al referirse a esta dicotomía: 

“Con el poder de convertir a la mujer en el objeto de su mirada, el hombre ha inventado a la mujer y, por lo tanto, una feminidad que es la imagen de sus deseos y también de sus temores. En la dualidad prototípica de la cultura occidental, las mujeres han sido Eva y María, santas y putas, brujas y niñas, cortesanas y aldeanas, diosas y esclavas…”.

Mlle. Requena (Acrílico asobre lienzo,
48 x 36 cm., 2016)

Así, los anuncios publicitarios que las revistas contenían en su interior estaban reservados a la mujer en su papel de “ángel del hogar”, dedicada al cuidado del esposo, a la crianza de los hijos y a las tareas domésticas. Por ello los productos ofertados oscilaban entre artículos cosméticos y de perfumería con el objetivo de estar bellas y seducir a los hombres y, por otro lado, presentaban aspiradoras y electrodomésticos varios destinados a lograr un ama de casa más profesional.

El contrapunto iconográfico se sitúa en las portadas funcionando como llamada de atracción y en ello se centra este trabajo de Cristina Toledo. La Eva (también Judith, Salomé, Lucrecia, Lilith… el imaginario parece casi infinito), o la femme fatale baudeleriana tan del gusto del simbolismo y del decadentismo finisecular, se ofrecía seductora y sensual al público varonil de la revista. Pero ahora esta mujer fatídica deviene terrenal y se despoja del disfraz bíblico o mitológico para encarnarse en una mujer de carne y hueso. Son vamps del espectáculo, actrices y cantantes que han sido despojadas por el sistema patriarcal de su consideración de artistas para ser recluidas a la función de modelos. 

Anónima (Acrílico y óleo sobre lienzo, 48 x 36 cm., 2016)

Algunas de estas “chicas de portada” reflejan los estereotipos de la mujer española, con una indumentaria compuesta por mantillas, manolas, peinetas y mantones de flores. Es la mujer morena y exótica que tanto gustaba al viajero romántico. Exhibidas en diferentes poses miran al espectador, provocan, dejan ver escote u hombros, insinúan su voluptuoso cuerpo. Actúan, en definitiva, como señuelo. Otras, no se muestran tan descaradas y, siguiendo la estética del modernismo catalán de Ramón Casas, se presentan melancólicas y lánguidas con sombreros decorados por plumas al estilo de la Belle Époque.

Ya sea bajo uno u otro prototipo de mujer, la intención de Cristina Toledo es poner de relevancia cómo las portadas de estas antiguas revistas ilustradas españolas contribuyeron a la consolidación y difusión de un estereotipo femenino consagrado al papel de eterna musa.

La Argentina (Acrílico y óleo sobrel lienzo,
48 x 36 cm., 2016)

Mlle. Bernard (Acrílico y óleo sobre lienzo,
48 x 36 cm., 2016)

Nuevo mundo | VuelaPluma Ediciones | 12 de diciembre al 28 de diciembre de 2016

Cristina Toledo: “En esta serie trabajo a partir de antiguas revistas españolas ilustradas. Podemos ver sus portadas reproducidas manualmente, pero no leer sus contenidos, más allá del nombre de cada publicación.
En cada una de ellas, observamos a una mujer. Estas mujeres, acordes a los cánones de belleza de su época, funcionan como un reclamo para el posible comprador de la revista. En los originales no aparece apenas información sobre estas personas; sólo su nombre y profesión y en algunos casos su procedencia. Tampoco esos datos nos ayudan a ir más allá de la superficie. Son utilizadas como elementos decorativos, generadores de deseo. Nos quedamos aquí con sus imágenes para al menos rescatarlas del olvido momentáneamente.”

Desconocida (Acrílico y óleo sobre lienzo,
100 x 81 cm., 2016)