jueves, 7 de enero de 2016

WASSILY KANDINSKY O EL ARTE COMO NECESIDAD INTERIOR

El “impulso creador” fue para Kandinsky (1866, Moscú – 1944, París) el motor de la búsqueda infatigable que le condujo a vivir por y para regenerar el arte. Avant-garde de la abstracción, este artista y teórico, difundió sus ideas a través de su pintura y de sus escritos. Persiguió un arte nuevo, curativo y espiritual. Un arte no-objetivo que, asentado en la psicología perceptiva y la teoría de los colores, confirmarse la relación interna entre las impresiones cromáticas y los estados de ánimo del espectador.

Wassily Kandisnky 

La trayectoria de Kandinsky está marcada por tres países: Rusia, Alemania y Francia. Entre 1896 y 1914 vivió en Alemania, en Munich y en Murnau. A lo largo de este periodo su pintura, de gran expresividad cromática, va caracterizándose por la disolución de las formas en un camino sin retorno hacia la abstracción. Durante esta etapa publicó De lo espiritual en el arte (1912) y, entre 1911 y 1914, formó el grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) que se disolvió al estallar la Primera Guerra Mundial. Tanto desde la teoría como desde la práctica, Kandinsky pretendía un arte que no efectuase una mera transcripción de la realidad, sino una pintura que proyectase la necesidad interior del artista.

Entre 1914 y 1921 se estableció en Moscú donde llevó a cabo una importante labor como miembro del Comisariado Popular de Educación. Durante estos años su paleta cambió volviéndose brillante como consecuencia del contacto con las artes populares y sus composiciones, de figuras flotantes en espacios infinitos, mostraban ecos de las tendencias suprematistas y constructivistas que caracterizaban la vanguardia del momento. Kandinsky abandonó Rusia cuando la situación artística se recrudeció al imponerse como estética dominante el Realismo Socialista.

Composición VI (Óleo sobre lienzo, 195 x 300 cm, 1913)

         De vuelta en Alemania y por mediación de Walter Gropius se convirtió en uno de los más importantes colaboradores de la Bauhaus (1921-1933). Allí desarrolló una importante actividad pedagógica junto a Lyonel Feininger, Johannes Itten, Oskar Schlemmer y Paul Klee, entre otros reputados nombres. Durante este periodo publicó otra obra teórica de referencia, Punto y línea sobre el plano (1926). En estos años su pintura se contagió de la tendencia geométrica y racional que caracterizaba la estética de esta escuela de arte y arquitectura. Se marchó de Alemania en 1933, tras la subida al poder de Hitler y el cierre de la Bauhaus.

Finalizado este episodio y después de ser incluido en la lista nazi de “artistas degenerados” Kandisnky huyó a París y se instaló en las afueras, en Neuilly-sur-Seine, donde vivió  hasta su muerte en el año 1944. Sus últimos trabajos son coloristas y vitales pese a su exilio y al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. París y su luz suavizaron su paleta y su pintura abstracta se pobló de formas orgánicas de reminiscencias mironianas.

En gris (Óleo sobre lienzo, 129 x 176 cm, 1919)

Kandinsky defendió una nueva interpretación del arte basada en el libre manejo de colores y formas, así como en un distanciamiento paulatino del objeto real. Tras la lectura de Abstraktion und Einfühlung (1908), de Wilhelm Worringer, persiguió incansablemente desligarse de la realidad objetiva en aras de la abstracción y reafirmó su idea de que en el arte no es necesario ningún motivo figurativo. Sólo importa el efecto psíquico de las formas y de los colores en quien contempla la obra.

“El arte es en muchos aspectos similar a la religión” afirmó Kandinsky quien, durante un tiempo, se dedicó al estudio de las ciencias ocultas y la teosofía, interesándose por los escritos de Rudolf Steiner, Helena Petrovna Blavatsky (fundadora de la Sociedad Teosófica) y Annie Besant y C. W. Leadbeater, autores del clásico libro teosófico Formas de pensamiento. Lo espiritual podía manifestarse mediante formas y colores abstractos que provocan vibraciones del alma. Estaba convencido de que existía una correspondencia interna entre la obra de arte y el espectador:

“El color es en general un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana”.


Composición VIII (Óleo sobre lienzo, 140 x 201 cm, 1923)

En su evolución artística fue clave el descubrimiento de los Almiares de Monet, que pudo ver en Moscú durante una exposición de impresionismo francés en la capital rusa. También le influyeron movimientos como el Simbolismo y el Jugendstil que le mostraron la posibilidad de utilizar los elementos pictóricos de manera libre y lírica.

Lo cierto es que Kandinsky no llegó a la abstracción a través del arte, sino de la figura de Schönberg, padre de la música dodecafónica.  Tras uno de sus conciertos inició una intensa correspondencia con él en la que abordaron las conexiones entre música y pintura, entre sonidos y colores. A partir de la conocida como “sinestesia de las artes” Kandinsky consolidó los cimientos intelectuales y pictóricos de la abstracción. Para ello fue definitoria también su asistencia en el Teatro Imperial de Moscú a la ópera Lohengrin, de Richard Wagner. A partir de ese momento, el artista tradujo los sonidos en colores y líneas y, desde el año 1909, dividió y tituló algunos de sus cuadros en tres grupos: impresiones, improvisaciones y composiciones. Una terminología claramente musical.

Curva dominante (Óleo sobre lienzo, 129,3 x 194,3 cm, 1936)

La tendencia a musicalizar el material pictórico fue muy intensa en la etapa de la Bauhaus en la que se celebraron coloquios y conferencias sobre el tema. Su compañero de docencia Paul Klee pintó sus Cuadros de Fugas y Polifonías, transcripciones abstractas de impresiones musicales y, en 1928, Kandinsky creó una performance a partir de “Cuadros de una exposición” del compositor ruso Modest Mussorgsky. En ella sus pinturas fueron presentadas al ritmo de la partitura con el objetivo de lograr la “Gesamtkunstwerk” wagneriana, una obra de arte total que renovase espiritualmente y al hombre y lo liberase del materialismo del mundo moderno.





domingo, 20 de diciembre de 2015

ERNST BEYELER, MARCHANTE Y COLECCIONISTA


El gusto artístico fue el elemento determinante en la formación de una de las mejores colecciones de arte moderno: la colección Beyeler. Al frente de la misma se encontraba Ernst Beyeler quien, además de coleccionista, fue también un destacado marchante y galerista. El Beyeler-coleccionista es inseparable del Beyeler-marchante. Como marchante, llegó a comprar colecciones completas para revenderlas en el mercado. Una de sus adquisiciones más notables fueron los cien cuadros de Paul Klee que compró al coleccionista norteamericano David Thompson. Esto le dio prestigio y publicidad.

Ernst Beyeler

Beyeler no dispuso de los medios económicos de los grandes magnates del coleccionismo de arte. Su presupuesto fue limitado, pero sí tenía una atinada sensibilidad estética, un ojo educado y un decidido entendimiento de la calidad. Partiendo de esta base realizó acertadas decisiones de compra y seleccionó obra de artistas que ya habían pasado la prueba del tiempo o que habían alcanzado cierto renombre. A ello ha de añadirse otro factor clave como fue la amistad personal que le unió con numerosos artistas importantes del siglo XX, lo cual le permitió seleccionar las obras directamente en el estudio, como fue el caso de Pablo Picasso en Mougins.

Beyeler y Picasso en Mougins, año 1969

Estudió literatura, filosofía, economía e historia del arte en la Universidad de Basilea. Sus orígenes profesionales se localizan en una librería de obras antiguas en la que también se vendían grabados y dibujos. Al frente de la misma estaba Oskar Schloss, un judío alemán que se convirtió en el mentor intelectual de Beyeler. Cuando Schloss falleció, Ernst se hizo cargo de la librería y comenzó a sacar más rentabilidad de la venta de obra gráfica que de libros.

A partir del año 1947 Beyeler comenzó a organizar exposiciones en esa antigua librería del centro de Basel, lo que la hizo convertirse en lugar de peregrinación para coleccionistas, artistas y conservadores de museo. Durante los veranos desarrolló unas muestras especiales llamadas Maîtres de l`Art Moderne, de alta calidad y con catálogos. 

Mujer (1907, Picasso)

Ernst y su mujer Hildy fueron, poco a poco, seleccionando entre las adquisiciones de la galería las obras que más les gustaban. La base de su colección se centró fundamentalmente en dos movimientos artísticos: el cubismo y la abstracción. Las dos obras clave que, según él, sirvieron de piedra angular y punto de partida al resto de la colección fueron el óleo de Picasso titulado Mujer, de 1907, y el cuadro de Wassily Kandinsky titulado Improvisación 10, pintado en 1910. La primera, precursora del cubismo; la segunda, del arte abstracto.

La colección Beyeler cuenta con aportaciones imprescindibles a la modernidad internacional: Cézanne, Rousseau, Klee, Ernst, Matisse, Fernand Léger y Piet Mondrian, Bacon, Dubuffet, Baselitz, Pollock, Barnett Newman, Rothko, Frank Stella, Ellworth Kelly, Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg, Andy Warhol,  Baselitz, Kiefer… Entre los pintores españoles, además de Picasso, el favorito de Ernst fue Miró. También cuenta con obra de Tàpies y Chillida. En el ámbito de la escultura destacan Giacometti, Calder, Brancusi y Rodin. Además, la colección posee una selección de arte primitivo constituida por objetos provenientes de África, Alaska y Oceanía.

Improvisación 10 (1910, Wassily Kandinsky)

En el año 1982, se creó la FundaciónBeyeler para evitar un posible desmembramiento de la colección cuando se tuviese que proceder a su legado. Las adquisiciones a partir de ese momento se hicieron pensando sobre todo en reforzar las partes más débiles de la colección.

El conjunto que alberga la Fundación Beyeler se divide en tres partes: el parque Berower; la Villa Berower del siglo XVIII, donde está ubicado el restaurante y la administración, y el museo de Renzo Piano. La colección de arte moderno se localiza en el edificio realizado por el célebre arquitecto. Beyeler no quería que predominara el diseño arquitectónico en detrimento de las obras de arte y abogó por perseguir un equilibrio armónico entre el edificio y la naturaleza del parque de Riehen donde se ubica, un lugar casi rural a las afueras de Basilea. 

Fundación Beyeler

Plano de la Fundación Beyeler

Las obras comenzaron en 1994 y la apertura al público tuvo lugar en el año 1997. Renzo Piano consiguió crear una arquitectura a la altura de las obra de la colección que iba a albergar. El edificio, de 100 metros de largo, está revestido de pórfido rojo y posee un complejo techo de cristal que proporciona a todo la estructura iluminación natural. Además, en uno de sus cuatro muros paralelos, se creó un jardín de invierno con vistas al paisaje de prados y colinas. Según el propio Renzo Piano, la función del museo no puede reducirse a mera "envoltura protectora de las obras, sino que tiene que ser capaz de crear una relación entre la colección y el mundo exterior, permitiendo a los visitantes llevar a cabo una experiencia artística colectiva.”

Fundación Beyeler

Sin duda, Ernst Beyeler ocupa un lugar clave dentro de la institución artística. En 1970 cofundó la feria internacional de arte Art Basel y formó parte de su comité durante muchos años. En Art Basel se dan cita año tras año las principales galerías y los más destacados coleccionistas del mundo. En 1987 la Universidad de Basilea lo invistió con el título honoris causa y en 1998 recibió la orden de Caballero de la Legión de Honor de Francia.

Beyeler falleció en 2010 y su última voluntad fue que se cerrase la galería que tenía en Basilea y que todas las obras de su propiedad se vendiesen en beneficio de la Fundación Beyeler. Trabajos de los más importantes maestros del arte moderno y contemporáneo, (Picasso, Gauguin, Renoir, Toulouse-Lautrec, Matisse, Monet, Kokoschka, Giacometti, Calder, Klee, Léger, Tobey, Stella, Baselitz y Kiefer) salieron a subasta en la casa Christie's de Londres a tal fin.

Ernst y Hildy Beyeler



domingo, 13 de diciembre de 2015

DOS MIRADAS AL COLECCIONISMO: RESPONSABILIDAD CULTURAL CORPORATIVA Y PASIÓN PERSONAL


La quinta edición de la Feria de arte de Oviedo celebrada en la Plaza de Trascorrales del 12 al 15 de noviembre de 2015, desarrolló un programa paralelo en el Museo de Bellas Artes de la capital asturiana centrado en el coleccionismo y su importancia dentro del sistema del arte actual.
La primera de las actividades realizadas fue la mesa redonda titulada “Joven coleccionismo” que contó con la participación de Alicia Ventura, responsable de la colección DKV y directora de Gestión Arte Ventura, y Jaime Sordo, coleccionista y presidente de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915.

En otra de las sesiones celebradas en el contexto de la feria Alfonso Palacio (director del Museo de Bellas Artes), las galeristas Nuria Fernández y Guillermina Caicoya, el crítico Luis Feás y la artista Consuelo Vallina (presidenta de la Asociación de Artistas Visuales de Asturias) debatieron sobre coleccionismo y el mecenazgo.

Hospital de Dénia - Colección DKV

Alicia Ventura centró su discurso en la importancia del coleccionismo corporativo, actualmente escaso, e instó a la necesidad de retomarlo.
DKV tiene entre sus máximas la “Responsabilidad Cultural Corporativa” porque son plenamente conscientes del importante papel que juega el arte dentro de una institución. La empresa debe ser mecenas y por ello cada una de sus sedes cuenta con un proyecto artístico. El arte es “un elemento humanizador y terapéutico. Es tan necesario como alimentarse bien”, señaló Ventura a lo largo de su intervención. Apoyan al arte joven con becas de producción de obra, adquieren proyectos site-specific por encargo, colaboran en ferias como Estampa o Swab Barcelona y cuentan con una colección de más de quinientas obras que contempla todas las disciplinas artísticas y cuyo comité de selección está integrado por la propia Alicia Ventura, Josep Santacreu y Juan B. Peiró.

I hate red (Instalación de Javier Calleja) - Colección DKV

La Colección DKV obtuvo en el año 2013 el premio “A” al Coleccionismo de la Fundación ARCO en la categoría de Coleccionismo Corporativo. Comenzó a gestarse en el año 2007 con el objetivo de humanizar a través del arte los espacios del Hospital Marina Salud de Dènia y de mejorar la experiencia de los pacientes. Sus fondos se distribuyen ahora por distintas sedes de la compañía y también son la base de un sólido programa de exposiciones temporales es diversos centros de arte estatales. Además de las itinerancias de la propia Colección DKV, la compañía produce exposiciones y proyectos como es el caso de “Perú”, con fotografías de Martín Chambi y Castro Prieto, o “Vidas Minadas” de Gervasio Sánchez.

Vidas minadas, de Gervasio Sánchez

La siguiente charla de la jornada corrió a cargo de Jaime Sordo, propietario de la Colección Los Bragales, que habló distendidamente a los asistentes sobre su absoluta pasión por el arte, su experiencia como coleccionista y sobre el papel que desempeña 9915, la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo que él preside.

Sordo recurrió a Michael Findlay para definir tres aspectos que mueven a todo coleccionista: un sincero amor al arte, las posibilidades de inversión y la promesa social. Sin duda, la pasión y el fuerte impacto emocional ante la obra son características esenciales. Este caldo de cultivo debe ser abonado con una continua formación del coleccionista consistente en visitas a galerías, museos y ferias, así como constantes lecturas de catálogos, prensa especializada, libros y artículos de arte. Todo ello sin olvidar que “lo mejor que le puede pasar a un coleccionista es hablar con otro coleccionista”.

Con ciertas dosis de humor, Jaime definió las que, a su juicio, son las distintas fases por las que pasa ante una obra: ilusión (visionado de la pieza), desilusión (conocimiento de su precio), desequilibrio (toma de decisión ante la posible adquisición) y finalmente suicidio (endeudamiento tras la compra). Coleccionar es, en sus propias palabras, “una forma sana de drogradicción”, lo que recuerda el título del libro de Charles Saatchi en el que se definió a sí mismo como un “artehólico”.

El rapto de Europa, de Óscar Domínguez - Colección Los Bragales

El coleccionista analiza, compra, almacena, conserva, documenta (mediante archivo o bases de datos) y gestiona. Cuando desempeña todas estas tareas puede decirse que “habita en colección”.

La colección Los Bragales es ecléctica en su inicio y generacional. Se compone en un 50 % de pintura y cuenta con un alto porcentaje también de fotografía. En ella podemos encontrar, entre otros, nombres como Vik Muniz, Isaac Julien, Gregory Crewdson, Pierre Gonnord, Nan Goldin, Aino Kannisto, Ellen Kooi, Jaume Plensa, Miquel Barceló, Antón Patiño, Menchu Lamas y Juan Uslé.

Jaime Sordo finalizó su charla alabando la labor de 9915 a la hora de insertar a la figura del coleccionista en la cadena de valor del sistema del arte junto a artistas, críticos, galeristas, marchantes, comisarios… Y señaló también la preocupante situación del coleccionismo español basándose en un estudio sobre mercado del arte que Claire McAndrew desarrolló para la Fundación Arte y Mecenazgo en el que sostiene que éste representa un escaso porcentaje del 0,7 % a nivel mundial y de un 3% a nivel europeo.

La Libertad guiando al pueblo, de Javier Arce - Colección Los Bragales


jueves, 19 de noviembre de 2015

ART AS A STAGE

"Es mucho mejor hacer Arte comercial que Arte por el Arte"

Andy Warhol, Mi filosofía de A a B y de B a A

Andy Warhol

La cultura capitalista reduce la obra de arte a la condición de mercancía. De este modo, la línea divisoria entre cultura y negocio puede llegar a ser muy difusa y, en muchos casos, inexistente. Las escandalosas cifras de las subastas que ocupan los titulares de los periódicos y determinadas  secciones del telediario así lo confirman.
Si el mercado crea las necesidades y orienta los gustos de los consumidores, el arte como mercancía a promocionar se amolda a sus reglas como cualquier otro tipo de producto siendo fundamental la publicidad para reforzar la imagen de marca. Luis Bassat en su best seller titulado “El Libro Rojo de las Marcas” especifica que una marca es algo que identifica, califica y, sobre todo, da un valor añadido al producto tangible. Es decir, que la marca o nombre comercial que un fabricante le pone a un producto, ofrece seguridad y estatus al comprador, añade una validación de su gusto y exige un precio mayor.

Obras de Jeff Koons

En una reciente entrevista al filósofo y crítico de arte Boris Groys se le preguntó acerca de artistas como Jeff Koons o Damien Hirst. La respuesta de Groys fue la siguiente:

Los dos tienen mucho talento, pero han creado una especie de marca de serie que no es más que un producto comercial. Esa marca hace que me parezcan poco interesantes. Es posible analizar marcas como Prada, Vuitton o Gucci. Hay gente que lo hace, sobre todo en EE UU, pero al final lo que decide la fama no es el lenguaje y la interpretación, sino el dinero y la comercialización.”

Jeff Koons, Damien Hirts y Andy Warhol son artistas de marca. Christie`s, Sotheby`s y Phillips de Pury son marcas de casas de subastas. El Moma, la Tate o el Guggenheim son marcas de museos. También hay marchantes y galeristas de marca como Gagosian o Jay Joplin de White Cube y, por último, coleccionistas de marca siendo Charles Saatchi uno de sus principales ejemplos.

Jay Jopli de White Cube

Si artistas, galeristas, marchantes, casas de subastas y coleccionistas deben estar respaldados por una “marca”, si el mercado se reduce a especulación y la obra a  símbolo de estatus, ¿qué queda del arte? ¿tiene más interés la marca que la calidad de la obra?. Entonces… ¿art is a stage? Andy Warhol llegó a afirmar en el año 1984 que era estupendo llegar a su casa y poder quitarse el “traje de Andy”. ¿Es todo este desfile de marcas un auténtico baile de máscaras dentro de esta especie de carnaval del arte?

Dom Thompson, en su archiconocido ensayo “El tiburón de 12 millones de dólares” sentenció: “La motivación que conduce al consumidor a pujar en una casa de subastas de marca, a comprar a un marchante de marca o a decantarse por obras que tienen el certificado de haberse expuesto en un museo de marca, es la misma que impulsa la compra de otros bienes de consumo de lujo.” Es decir, la satisfacción que obtiene el comprador cuando adquiere arte procede de su precio. Cuanto más elevado sea, más valioso se considera el objeto y mayor la gratificación por su compra. Es el conocido como “efecto Veblen” por medio del cual la exclusividad se asocia al precio como reflejo de estatus social y vanagloria de la posesión.

The physical impossibility of death in the mind of someone living (1991, Damien Hirst)

El filósofo, crítico de arte y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Castro Flórez desarrolló, el 20 de octubre de 2015, una conferencia bajo el título: “La están peinando. Sobreel vértigo de los precios en el arte y la famosa tomadura de pelo”, en el Museo Nicanor Piñole de Gijón dentro del ciclo de charlas “El circuito del arte. Galeristas, marchantes y coleccionistas.”

Castró Flórez criticó duramente la estrategia especulativa de un artista como Damien Hirst quien, el 15 de septiembre de 2008, mientras se producía la caída de Lehman Brothers provocando una de las mayores crisis económicas de nuestra historia reciente, subastaba en Sotheby's las obras de su colección por 140 millones de euros. Para ello analizó las cifras que recoge Don Thompson en el anterior libro citado y en su recientemente publicado ensayo titulado “LaSupermodelo y la Caja de Brillo”, orientando su discurso hacia la glamourización del coleccionismo y la fuerte presencia en el mercado de un coleccionista de marca que está guiando los designios del arte contemporáneo a golpe de talonario ejemplificado en las lucrativas jugadas de figuras como Charles Saatchi y José Mugrabi.

Busto de Stephanie Seymour, de Maurizio Cattelan

Warhol dictaminó hace décadas que l`art pour làrt no aporta nada, que lo fundamental es el arte comercial pues está respaldado por el mercado. Estamos frente a un panorama en el que el valor económico de la obra de arte cobra más importancia que su valor estético. ¿La economía de mercado reescribirá la futura Historia del Arte?. Lo que está claro es que el binomio “procedencia-marketing” se está engullendo a la valoración histórico-artística de las piezas. Ahora importa la marca, la mística del artista, en qué colección o museo ha estado o cuál es el último precio que ha alcanzado en subasta.

Como contrapunto a esta visión feroz de un coleccionismo movido únicamente por el beneficio económico y de estatus, Castro Flórez distinguió el auténtico amor al arte del matrimonio de coleccionistas Herbert y Dorothy Vogel. La pareja, él cartero y ella bibliotecaria, decidieron destinar de manera íntegra uno de los dos salarios a la adquisición de arte contemporáneo. Constituyen un ejemplo de pasión y compromiso por el arte porque, como afirmó el galerista y coleccionista Sidney Janis: “El auténtico coleccionista es un hombre que tiene que comprar cuadro, tanto si puede permitírselo como si no”.

Herbert y Dorothy Vogel

Artículo publicado para Bcollector